Taller de escritura del maestro Javier Miranda

Para todos aquellos que deseen conocer un poco de lo que trabajamos en el taller de escritura en Hola Spanischschule. Tenemos aquí un texto corto, uno de los ejercicios realizados por una alumna de la segunda generación del taller.

¿Hablas español? ¿escribes? entonces ven con nosotros al Taller de escritura del maestro Javier Miranda Luque del 9 al 30 de noviembre. ¡Te esperamos!

El asilo

Cuando la actividad empezó en el asilo, ya Demetrio estaba preparado para empezar su jornada laboral, En el cuarto de al lado sonaba Morning bell de Radiohead a todo volumen. No había manera de quejarse, él no era más que uno de los empleados que habían recibido el beneficio de poder vivir ahí sus últimos años sin pagar renta, claro que en cambio debería trabajar como desde hacía 50 años por el resto de su vida.

Cuando salió para comenzar se dio cuenta de que la puerta de su vecino estaba abierta de par en par, la música no podía escucharse más fuerte y decidio sugerirle que cerrara la puerta. Al acercarse vio a un hombre aún vestido con su ropa de ayer, sentado ante su computadora y con el aspecto de no haber pegado ojo en toda la noche.

– ¿Tu radiotermógrafo ya no funciona?

– Si, pero ando de nostálgico, ya sabes, me acuerdo de los buenos años de juventud.

– Bueno entiendo, pero con esa música vas a hacer recordar a varios aquí que no pasó lo que esperábamos.- Si ya sé, condenados a la vida, es un castigo a veces ¿sabes?, digo, para qué seguimos acá, ya no hay nada que hacer ¡mierda!.

– Demente, te veo luego.

– Si Demetrio dale.

Demetrio se fue a su cuarto de limpieza a buscar sus pistolas de aire y su plataforma deslizante. Fue a dar un recorrido por los pasillos del asilo para quitar el polvo a las superficies, más por precaución que por higiene, porque se trataba de una sustancia venenosa que no mataba pero producía gangrena al contacto con la piel. Cuando por fin terminó la entrada principal, salió la señora Zimmermann, quien no hablaba español sino solo alemán y un poco de inglés. Le dio los buenos días a su modo y caminó tranquila por el pasillo. A pesar de sus 80 años se encontraba en buena forma, salía a caminar con frecuencia y montaba su bicicleta fija en casa. Tenía un par de tatuajes, uno en el dedo anular que parecía un anillo con dos remates, de un lado un corazón y del otro un tridente. Su segundo tatuaje solo lo había visto Demetrio, o bueno eso pensaba él, que era una frase en inglés que decía “Our world our playground” y lo llevaba en el bajo vientre. A la señora Zimmermann le parecía mejor dejar lo de ellos en secreto, además el amor nunca fue su fuerte, estaba pensando en hacerse pronto un tercer tatuaje en el cuello que dijera “love will tear us apart again”. Ella nunca tuvo hijos pero adoptó a dos niñas, ambas prematuras. Al final ellas se quedaron en la Tierra y no supo más de sus vidas. Su marido murió mucho ántes de verlas contraer nupcias, una de ellas con un saudí muy acaudalado y la otra con un colombiano astrónomo que tenía la boca más grande que sus logros.

 

 

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