Los invitamos a leer un texto de la alumna Elvia Alejaldre Ik. Esperamos que lo disfruten.

 

Despertar del ensueño

Gracias a la lluvia han brotado pequeños sombreros, han nacido los niños del agua o pajaritos así son llamados los hongos sagrados, Teonanácatl, seta o carne de Dios en náhuatl. La abuela Rogelia como cada año caminó por horas en el bosque Ñañú en busca de ellos para recolectar los primeros de la temporada: ella dice que son medicina para el alma, que enseñan a percibir con los sentidos dormidos por la lógica y la razón, ¡son para despertar!

Al llegar a casa los mete en un frasco grande y estéril, después añade miel de buena calidad, así permanecerán por lo menos 26 días, en la obscuridad y en un lugar fresco. Mientras la miel enamora a los niños para que liberen sus alcaloides, que les dan las características psicotrópicas, la abuela hace todos los preparativos para la Ceremonia con Niños del agua.

El 12 de agosto a las 9 de la noche es la cita en Tonalkalli, una cabaña pequeña en medio de la naturaleza, cerca de San Pedro Atlapulco. Al entrar a la cabaña se observa una mesa de madera con tres cazuelas de barro con los niños acostados delicadamente uno tras otro, al verlos, lo primero que viene a la mente son los rayos del sol, toda la superficie de la mesa está cubierta por pétalos de rosa de color rojo, las velas dan un toque distinto a la atmosfera que hay al interior de la cabaña, en el centro hay una fogata, las personas invitadas están alrededor, listas para ofrendar su corazón y pedir por un buen viaje.

Admin, uno de los ayudantes de la abuela, enciende un puro de tabaco y lo pasa a la persona que está a su izquierda y así sucesivamente; la persona que fuma tabaco en una ceremonia se compromete a hablar desde su corazón.

Carmina en esta ocasión cuidará de popochcomitl o sahumerio, cuidadosamente coloca copal granulado para limpiar a cada participante. Antes ofrenda el copal a las cuatro direcciones, se ve como si hiciera una rosa de cuatro vientos, después dibujará en el aire un circulo hacia la izquierda y terminará con un circulo a la derecha. Posteriormente, se para frente a cada participante: primero sahuma su rostro, luego el corazón, su vientre, sus piernas y pide que se de vuelta para sahumar su cuerpo por detrás, al finalizar ambas personas mirándose a los ojos dicen: Tlazohcamati. Este ritual se repetirá con cada integrante hasta terminar para dar inicio al ritual.

La abuela Rogelia toma la palabra: “Estás hoy aquí para despertar, para viajar a tu interior, es ahí donde encontrarás todas las respuestas, los niños del agua te acompañarán y guiarán amorosamente, al menos que te hayas portado mal, como son traviesos te regañarán: tendrás náuseas y, tal vez, vomites, pero si no es el caso seguro tendrás un viaje mágico e inolvidable.

Tal vez, aumenten tu sentido del tacto, del olfato, el sensorial o es posible que veas imágenes y colores que nos has visto hasta ahora, puedes pedir ayuda para sanar tu cuerpo, algún consejo para resolver un problema o simplemente ponte en sus manos, deja que te guíen, te darán justo lo que necesitas, viaja más allá de tu mente limitada.

Los niños del agua sólo quieren que aprendas a reconocer este estado de alerta, de expansión de tu consciencia, ese, es tu estado natural; ellos quieren que conserves en tu memoria todas las sensaciones, que sientas la conexión con tu interior, con tu espejo (cada persona con la que convives) y con la naturaleza.

Eso es vivir despierta, vivir desde el corazón, si reconoces esas sensaciones y las evocas cada día no necesitarás más de los niños o de otra planta sagrada, ellos sólo quieren que recuerdes, sólo al abrir tu Ser entrarás a ese espacio-dimensión, en esa conexión, donde el Amor es la solución, el camino, una de las principales herramientas, es actitud y estilo de vida”.

La abuela Rogelia pide a Beti que reparta cinco hongos a cada persona. Ella coloca cinco niños en la palma izquierda de cada persona y al mismo tiempo dice: te doy esta medicina con amor y escucha de quien los acoge: recibo esta medicina con amor. Les indica que deben masticar los uno por uno, cuidadosamente, lento hasta desintegrarlos en la boca, si tienen pequeñas piedras deben consumirlas, es un reflejo de la vida, no siempre nos gusta lo que nos da, por último les recuerda ofrendar antes de hacer tus peticiones.

Mientras Beti reparte los niños, los demás brindan sus dones a la Ceremonia: Rodrigo toca los cuencos de cuarzo blanco por algunos minutos; Nayeb de 7 años toca el tambor; Xavi toca el huehuetl; Mar toca el atecocolli; Alai cuida la fogata; Kari forma un circulo con petálos de rosa alrededor de los que participan; Ik ofrenda canciones ancestrales, el resto de los participantes corea la canción.

La abuela Rogelia dice que para que prendan los niños (que liberen sus activos en el cuerpo), es necesario caminar, así que todos inician su peregrinaje fuera de la cabaña, en ese campo basto, bajo la noche y las lágrimas de San Lorenzo que caracterizan al 12 de agosto de cada año.

Cada persona después de caminar por media hora, decide el rincón donde permanecerá para emprender uno de sus viajes más importantes de su vida, ya sea que decida permanecer en el bosque o regresar al interior de la cabaña, pues ahí permanecerá en silencio, con ojos cerrados o abiertos, con su mente quieta y clara, con disponibilidad de dar flores y cantos así como de recibir regalos.

La ceremonia dura todo la noche y, al amanecer la abuela pide que compartan sus experiencias, conforme levantan la mano participan:

Al cerrar mis ojos vi muchas imágenes geométricas, todas eran de color neón, la velocidad con la que aparecían eran sumamente rápido, era difícil ver las a detalle, eran mándalas complejos

Yo escuché conversaciones que se desarrollaron a metros de aquí

Creí que Xavi tocaba el huehuetl cerca de mi pero al abrir los ojos para darle las gracias, me di cuenta que estaba a metros de distancia

Yo estaba en un lugar con mucha neblina espesa, el ambiente era de color gris claro, la visibilidad era de un metro, el suelo estaba cubierto de polvo gris, no había cielo en su lugar había un vacío enorme, los árboles eran sumamente altos, yo me sentía muy tranquila

Yo caminé mucho, consumí un total de 9 niños pero no sentí algún cambio, tenía tanto miedo a perder el control, quise dormir pero no lo logré, creo que todo es resultado de su imaginación

Me asombró ver el movimiento rítmico y constante de la tierra, su respirar es idéntico al nuestro, jamás lo había percibido

Doy gracias a quien me invitó, tenía miedo, es algo completamente nuevo para mi, me ahorre como diez sesiones de psicoterapia

¡Ay! a mi sólo me dio sueño

Yo estuve en una playa de Costa Rica, recostada en la arena, sentí el sol en mi piel, vi el color del mar, olí la brisa y sentí el viento, fue muy agradable

Todo lo que vi y escuché me generaba risa, no paré de reír, ya me duele el vientre. Es más no necesitaba motivos para reír

Yo sentí que me fusionaba y me convertía en todo lo que veía o sentía: fui cama, sabana, árbol, fuego, obscuridad

A mi me sorprendió que los sonidos se amplificaron, el simple roce de la sabana sonaba tan fuerte, era como si un altavoz estuviera en su interior, escuchaba el sonido que producen el caminar de las hormigas

Algunas personas solo escucharon, decidieron quedarse con sus experiencias. Cuando ya no hubo más participaciones la abuela Rogelia anunció el cierre de esta Ceremonia con Toenanácatl, “conserven las enseñanzas de estos niños amorosos. Es importante sentirse conectada con todo ser sintiente que te rodea, todo esta vivo”

Agradeció a los siete rumbos, a la Jícara Celeste, al Gran Espíritu dador de vida, a la Madre Tierra, a la medicina de estos niños de la tierra Ñañú, a la esencia de toda planta sagrada del mundo, mientras ella hablaba Carmina ofrendó humo de copal y Xavi cerró con sonidos de Huehuetl.

La cabaña en medio de la naturaleza fue testiga de la posibilidad de despertar del ensueño al menos por una noche.

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