Pedro Pablo Rubens fue uno de los mejores pintores alemanes de todos los tiempos. Nació el 28 de junio de 1577, en Siegen, ciudad alemana que en aquella época pertenecía al Sacro Imperio Romano Germánico. Desde su niñez, Rubens demostró que poseía una gran capacidad para la pintura, puesto que tenía un estilo propio, muy dinámico y colorido. Por eso mismo, en el año 1592 comenzó con sus estudios de pintura, bajo la tutela del gran maestro Tobias Verhaecht, que era un conocido pintor de paisajes.

La vida adulta de Rubens se desarrolló, en diferentes países:  Alemania; Bélgica, ya que provenía de una familia flamenca originaria de la ciudad de Amberes; Italia, que en esos momentos era la cima de la cultura y la pintura; y España, puesto que la Corte española adoraba las obras que pintaba. Por eso mismo, muchas de sus pinturas se conservan, hoy en día, en el Museo del Prado de Madrid. Aunque hay que considerar que en aquel contexto histórico, Flandes estaba bajo el dominio español.

Durante su etapa en España, Rubens aprendió el español, con el fin de comunicarse mejor con otros artistas de la época, como es el caso del magnífico pintor español Diego Velázquez con el que hizo una gran amistad. El propio Rey de España, Felipe IV, consideró a Rubens como miembro de su corte, pues era un gran admirador de sus obras. Aprender a hablar español fue muy positivo para el pintor, ya que así su comunicación con los miembros de la corte española fue mucho más productiva. Rubens falleció el 30 de mayo de 1640, en la ciudad de Amberes, a los 62 años de edad.

Algunas de sus obras más conocidas y famosas son: “La adoración de los reyes magos” , “Sansón y Dalila”, “La masacre de los inocentes”, “El jardín del amor”, “Las tres gracias” y “El juicio de Paris” que fue uno de sus últimos trabajos.

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