Por Martin Boßdorf

Aprendo español desde hace nueve meses. Pero todavia tengo que aprender mucho, por eso, este año (2015) en octubre he pasado mis vacaciones en Sevilla. Allá he ido a una escuela de idiomas porque tenía problemas para hablar y entender el español. Las primeras dos semanas tuve un curso “séniors” donde todos tienen más de 50 años. En este curso hemos tenido por la mañana cuatro horas de clase y por la tarde un programa cultural con visitas y excursiones. La tercer semana he hecho un curso intensivo, en total seis horas de clase al día, muy trabajoso.

Esas tres semanas he vivido con una familia española en el centro de Sevilla. Una familia muy simpática: Una mujer mayor con su perro y su hijo que trabaja en casa, un pintor de arte. Todos los días hemos almorzado juntos, la mujer sabe cocinar muy rico. Pero las experiencias más grandes las he tenido cuando he viajado solo por la ciudad y por los alrededores. En mi segundo día no he encontrado el camino de regreso a casa, he pensado:”Ahora tengo que preguntar en español ¡madre mía! Ojalá vayan a entender lo que digo” He ido a un bar y he preguntado en mi mal español, el camarero (español) ha respondido en alemán muy bien y sin acento:”Creo que es mejor hablar en alemán”. Para mi fue inolvidable, solo a mí me puede pasar. El segundo fin de semana he hecho un viaje a Cádiz en el autobús. El sábado me he levantado muy temprano, he desayunado por la mañana en un bar, y después he buscado la estación de autobús, el autobús correcto, el vendedor de billetes …etc. Pero esta vez he podido hablar un poco mejor que el último fin de semana. Por desgracia ese día en Cádiz he visto el Atlántico solo con viento y lluvia, que pena, me ha faltado el sol.

En Sevilla he comprado un billete de ida y vuelta. Pero he olvidado que tengo que cambiar el billete de reservación para el autobús. Cinco minutos antes de volver ha llegado el autobús, muestro mi billete al conductor, mira el billete, mueve la cabeza y dice algo en español que no entiendo. Entonces me muestra un edificio y dice “CORRE”, en ese momento he entendido. Pero adelante del despacho de billetes hay una cola larga, no hay tiempo, tengo que ir (como se dice en alemán: hablo con manos y pies). El vendedor dice: “¿Que autobús? ¿A las tres? Ya son las tres y cinco, ya se va”, yo digo “¡Espera espera, aqui tienes!” Yo he corrido, y por suerte, el conductor ha esperado.

Las tres semanas han sido una pequeña aventura para mí. He aprendido mucho español y he conocido a mucha gente de todo el mundo. El próximo año voy a ir otra vez a España a una escuela en Salamanca. Pero eso va a ser una nueva historia. Ahora para mí es un poco mas fácil hablar en español. Pero pienso que aún voy a necesitar un poco mas de tiempo hasta saber entender, y sobre todo, saber hablar mejor el idioma.

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